
- Ruth Reichl, Revista El Malpensante No 106, Marzo de 2010.
El resultado de un estudio reciente sobre el uso de la tierra en el Valle de San Joaquín, California, es bastante aterrador. El documento expone cuatro escenarios posibles para el año 2040. En el primero, todos los granjeros habrán sido expulsados por inmobiliarias que quieren sus terrenos. ¿Por qué no habrían de quererlos? Son planos, es fácil construir en ellos, el sistema de transporte es excelente y el clima maravilloso. Además, gracias a la base tributaria de los pueblos vecinos, construir viviendas en esta zona es mucho más lucrativo que cultivar. En este momento, cada minuto de cada día estamos perdiendo dos hectáreas de tierra cultivable por el desarrollo inmobiliario.
Éstos son asuntos de comida. Asuntos sobre los que la gente común y corriente puede producir un efecto con solo cambiar la forma en la que compran el mercado.
Pero las granjas son solo una pequeña pieza de este rompecabezas. También está el petróleo, otro tema estrechamente relacionado con la comida. Todos nos preocupamos por la gasolina de nuestros carros, pero el 17% de todo nuestro combustible fósil se va en alimentarnos. Está en nuestro fertilizante, mueve nuestros equipos de siembra y transporta nuestra comida de un lugar a otro. Así que cuando los medios escriben sobre los problemas del combustible, definitivamente están escribiendo sobre comida.
Lo que nos lleva a los biocombustibles, otro punto en el que la energía y la comida se cruzan. Algunas personas creen que los biocombustibles salvarán el medio ambiente al producir menos dióxido de carbono, que salvarán la industria automotriz norteamericana porque los japoneses están haciendo híbridos eléctricos en vez de producir autos de combustible flexible, y creen que salvarán a nuestros campesinos al darles un mercado masivo para sus cultivos. Pero muchos pequeños agricultores piensan que los cultivos biotecnológicos son realmente un caballo de Troya para los organismos genéticamente modificados. Según ellos, estos cultivos requieren más energía de combustibles fósiles para crecer y ser cosechados que la que toma extraer petróleo del suelo. Además les preocupa que la Archer Daniels Midland, que ha financiado una gran parte del programa, y las otras grandes compañías agroindustriales hagan que pequeños agricultores inviertan en proyectos cooperativos de etanol, para luego abandonarlos y comprar combustible más barato fabricado de forraje o de caña de azúcar brasileña, si el precio es mejor.
Mientras tanto, en toda Europa se preocupan porque, si es necesario usar más azúcar para fabricar combustible, tanto el abastecimiento como el precio del azúcar tendrán serias implicaciones para la comida europea. Nosotros deberíamos comenzar a preocuparnos por lo mismo.
Es un debate fascinante, al que pocas personas le están prestando atención, y tendrá un impacto enorme en nuestro suministro de alimentos.
CRÉDITO:
Apartes del artículo “¿De qué hablamos cuando hablamos de comida?” escrito por Ruth Reichl, publicado en la edición 106 de la revista El Malpensante (traducción del inglés por María José Montoya). Reichl (Nueva York, 1948) es escritora y editora gastronómica. Dirigió la desaparecida Gourmet Magazine. Puede leer el artículo completo haciendo clic aquí. Edutecno recomienda ampliamente la Revista El Malpensante e invita a sus lectores a suscribirse a esta publicación. Los resaltados y subrayados en color verde corresponden al autor del este blog.










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