- Mónica Salomone, El País Digital, Marzo, 2010.
«Este año se celebran dos aniversarios científicos: el del proyecto SETI de búsqueda de vida extraterrestre y el del láser. En ambos casos hay 50 velas, pero ahí se acaban las coincidencias. SETI aún no tiene resultados que enseñar.
En cambio, el primer láser, nacido en 1960 en los Laboratorios de Investigación Hughes, en California (EE.UU.), de la mano de Theodore Maiman, pasó en poco tiempo de ser una curiosidad sin aplicaciones a una fuente de desarrollos tecnológicos en apariencia inagotable. En las últimas décadas se han pedido más de 55.000 patentes relacionadas con él sólo en EE.UU., y “lo más sorprendente es que aún se siguen buscando numerosas aplicaciones”, ha señalado Thomas Bauer, director del Centro de Investigación en Fotónica de la Universidad de Stanford, en la reunión anual de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia (AAAS) en San Diego (EE.UU.).
La lista de aplicaciones es enorme. Con el láser se logran altísimas temperaturas, comparables a las del núcleo solar; también bajísimas, 10 veces más frías que la del nitrógeno líquido -lo que ha permitido crear un nuevo estado de la materia, el condensado de Bose-Einstein, en que los átomos están congelados-. Hay láseres de pulsos tan breves que permiten fotografiar el movimiento de los electrones en los átomos. En biología, química, física y medicina, el láser ha sido revolucionario. “Por ejemplo para entender la epidemia del sida”, explicó Bauer: “A mediados de los ochenta se perfeccionaron las técnicas para discriminar tipos de células, basadas en el láser; sin ellas no hubiéramos podido descubrir qué células infectaba el virus”.
“Claro que sabía que podría servir para las telecomunicaciones y algunas otras cosas, pero jamás podría haber imaginado lo que ha venido después”, explica Charles Townes, co-autor del artículo de 1958 que sentó las bases para la construcción del láser, en una entrevista distribuida por Laserfest. Desde que Townes obtuvo el Nobel en 1964, más de una docena de estos premios han estado relacionados con el láser (acrónimo en inglés de amplificación de luz por emisión estimulada de radiación), cuya característica es que es una luz coherente, todos sus fotones tienen la misma frecuencia, fase, polarización y dirección. Por ejemplo, concentra gran cantidad de energía en muy poco espacio. También recorre enormes distancias sin que su haz se disperse; un láser de rubí enviado a la Luna en 1969 -que rebotó hacia la Tierra en un espejo colocado por Neil Armstrong- cubría una superficie de apenas nueve kilómetros en el suelo lunar.
El láser de Maiman, el primero, se basaba en la emisión estimulada de átomos de rubí sintético y era tan fácil de construir que en pocas semanas fue replicado en otros laboratorios. La anécdota pone de relieve que la visión de futuro es un don muy escaso: antes de que Nature lo publicara en 1960, el artículo describiendo el primer láser fue rechazado “por una importante revista de física”, cuenta Bauer. “En un principio, el éxito de Maiman pasó inadvertido para el público, y ni siquiera obtuvo mucho reconocimiento entre la comunidad científica”. En 1971 ya existían las primeras impresoras láser y tres años más tarde los lectores de códigos de barras.
En la AAAS se miró sobre todo al futuro, en el que el láser, si se atiende a Edward Moses, será una auténtica salvación. Moses es responsable del mayor láser en funcionamiento, el NIF (National Ignition Facililty), recién inaugurado en el Lawrence Livermore National Laboratory. Con el NIF, que produce pulsos de casi dos millones de julios de energía, se espera construir “una pequeña estrella”, dijo Moses. Se trata de reproducir la reacción de fusión nuclear que genera energía en el núcleo de las estrellas, para así disponer de “una fuente de energía inagotable, sin problemas de geopolítica, limpia y que no emite dióxido de carbono”. Lo mismo se busca con el reactor de fusión experimental ITER en construcción en Cadarache (Francia). Aunque, según Moses “no somos proyectos en competencia”, él estima que para antes de una década ya se habrá logrado que el NIF genere más energía que la electricidad que hay que invertir en el sistema, mientras que la fecha de ese objetivo para ITER, dice, es “entre 2025 y 2030″.
Otros expertos señalan más aplicaciones futuras del láser: análisis del genoma humano completo en unas pocas horas, y aparatos de imagen con resolución como para detectar tumores incipientes».
CRÉDITO:
Tomado de Madri+d, portal que a su vez se baso en información del diario El País de España. Autor: Mónica Salomone.










1 respuesta hasta ahora ↓
1 Juan Carlos López // May 6, 2010 at 10:22 am
UN LÁSER FORMA NUBES SOBRE BERLÍN
Físicos europeos han demostrado por primera vez que los láseres pueden utilizarse para formar nubes y provocar la caída de gotas de lluvia. El original experimento ha sido probado con éxito tanto en laboratorio como a cielo abierto sobre Berlín. La fórmula, aunque de momento algo rudimentaria, podría ser una manera de acabar con la sequía en los lugares más sedientos y de provocar la lluvia cuando fuera necesario.
Durante décadas, la siembra de nubes se ha provocado por aspersión de cristales de yoduro de plata en las nubes altas de la atmósfera, que crean grandes gotas de agua a su alrededor. Pero esta técnica que no siempre funciona. «Su eficacia es polémica», asegura Jérôme Kasparian, de la Universidad de Ginebra, en Suiza, miembro del equipo de investigación.
Kasparian y sus colegas realizaron primero el experimento en laboratorio. El equipo despidió pulsos muy breves de luz láser infrarroja en una cámara de aire con agua saturada a -24ºC. Pronto se formaron nubes lineales, como la estela de un avión en miniatura.
Kasparian explica que el láser generó nubes por extracción de electrones de los átomos en el aire, que favorecen la formación de radicales de hidroxilo, que es parte de una molécula. Estos convierten los dióxidos de sulfuro y nitrógeno en el aire en partículas que actúan como semillas para cultivar las gotas de agua. Cada pulso del láser trabaja a una intensidad equivalente a la de 1.000 plantas de energía. Después del experimento, las condiciones de humedad en una temperatura tan extremadamente baja aumentaron un 50% y dentro de las nubes el volumen de agua condensada se había incrementado cien veces.
Después, el experimento se probó en el exterior, disparando el láser hacia el cielo de Berlín en noches diferentes y en condiciones de más o menos humedad. No se observó ninguna nube a simple vista, pero sí estaban allí, ya que los investigadores pudieron comprobar que las gotas se estaban formando. El siguiente paso de los científicos es utilizar el láser en un movimiento de barrido a través del cielo para tratar de inducir la condensación en un área más amplia. También tratarán de aumentar su eficacia mediante el ajuste de enfoque del láser, la longitud de onda y la duración del pulso.
FUENTE | ABC Periódico Electrónico S.A. 05/05/2010
http://www.madrimasd.org/informacionidi/noticias/noticia.asp?id=43804
Haga un comentario