- Manuel Guzman Hennessey, El Tiempo, Julio 17 de 2008.
«Se conoció por fin esta semana la fecha de inauguración del colisionador de partículas más grande del mundo. El juguete se llama LHC, mide 27 kilómetros y está emplazado entre Suiza y Francia; trabaja a -271 grados centígrados, y justo ayer, 17 de julio, los físicos encargados de este parto monumental para la historia de la ciencia empezaron a enfriar las entrañas del monstruo, para que esté listo el 21 de octubre. Ese día, la humanidad se habrá acercado como nunca antes a la posibilidad de saber de qué está hecha, realmente, la materia primordial del Universo.
Pero se calcula que el LHC tardará aún dos años más en revelarnos, si es que logra la proeza, la estructura del bosón de Higgs, la llamada partícula divina, que, según los físicos, es la última que nos hace falta conocer para desentrañar el origen del Universo. La operación se dice más fácil de lo que es, pues para ver a “la divina” podría ser necesario que colisionen mil millones de partículas por segundo, de las cuales solo una, entre un billón, podría resultar interesante para la investigación.
Se nos enseñaba en la física que la materia estaba compuesta por electrones, protones y neutrones. Hoy se sabe que existen 300 partículas elementales más, que interactúan en la naturaleza y definen la ingente complejidad de una materia en constante evolución. Ello es posible debido, entre otras cosas, al trabajo que cumplen los colisionadores, cuya función consiste en acelerar y chocar, a una velocidad cercana a la de la luz, estas partículas. La física ensayó por primera vez este método en el Ciclotrón (1931) ubicado en Berkeley. Pero como las partículas no se pueden ver, los científicos de la Universidad de Washington vienen desarrollando desde el 2001 un subsistema del nuevo colisionador, el LHC, llamado Atlas, que es un dispositivo visor compuesto por 430 cámaras apropiadas para ver lo que ocurre en la infinita pequeñez del Universo.
Desde el 2000 se especula con el hallazgo de la partícula divina (bautizada así por Leon Lederman, premio Nobel de Física). Un físico de Oxford, Peter Renton, afirmó en un artículo publicado en la revista Nature, que había sido hallada en el CERN (el laboratorio europeo para la física de partículas), pero la divina resultó ser muy pesada y el LEP, antecesor del LHC, no la podía contener. Los físicos esperan que el LHC resuelva este problema y se devele por fin el misterio de la divina, considerada la esencia de la materia.
Ahora bien, en el contexto de nuestra convulsa realidad, uno podría preguntarse: ¿qué tiene que ver la partícula divina con la “Yidispolítica”? Nada».
CRÉDITO:
Artículo publicado en El Tiempo en la edición del 17 de julio; 2008. Escrito por Manuel Guzmán Hennessey quien es director del Centro de Aplicaciones de la Teoría del Caos. guzmanhennessey@yahoo.com.ar










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