- Manuel Guzman Hennessey, El Tiempo, Mayo 21 de 2008.
«No es asunto exclusivo de los profesores de física la necesidad pedagógica de dar con un lenguaje que seduzca a los jóvenes.
También es asunto de los profesores de filosofía, y si vamos a hilar más fino, es preocupación de profesores de casi todas las ciencias. Tampoco es cosa exclusiva de los estudiantes de hoy, pues la física y la filosofía han sido pan duro desde siempre. La ciencia en general lo sigue siendo. Por eso, de vez en cuando llegan a las librerías algunos libros novedosos que repiten el viejo intento de allanar a los jóvenes el camino del conocimiento. La física de los superhéroes, de James Kakalios, es uno de ellos; publicado en España, parece una edición moderna de aquel intento, quizás pionero en este tipo de literatura científica, que su autor, Robert March, bautizara en los años setenta con el sugestivo nombre de Física para poetas.
Su autor lo escribió como resultado de un curso dado en la Universidad de Wisconsin a estudiantes de humanidades y ciencias sociales; algo parecido le ocurre ahora a Kakalios, doctor en física de la Universidad de Chicago, quien escribe su libro luego de haber dictado el seminario ‘Todo lo que necesitaba aprender sobre física lo aprendí leyendo cómics’. La explicación del superpoder que alcanzó Flash luego de ser alcanzado por un rayo es uno de estos aprendizajes: el supersprint de 30.000 kilómetros por segundo equivale a la energía equivalente de 50 millones de hamburguesas doble carne. Energía: capacidad que tienen los cuerpos para producir trabajo, léase también amor, forma de energía que quizás necesite la humanidad para reemplazar las que provienen de quemar el petróleo.
El desinterés de los estudiantes sobre las ciencias y sus aplicaciones no debería atribuirse exclusivamente a su interés desmedido sobre asuntos más banales, que, según algunos, ocupan la mayor parte de sus horas. Mejor sería que los profesores revisaran su enfoque pedagógico, pues corresponde a estos últimos llegar a los estudiantes, desde la cotidiana invención de un lenguaje cada vez más fresco, como ellos dicen, para comunicar la ciencia que hoy se cocina en los laboratorios del mundo. En la hora de las TIC (tecnologías de información y comunicación), el problema pedagógico de la enseñanza de las ciencias es más un asunto de lenguaje y de creatividad en la comunicación que de saber acumulado y posturas de magister dixit. La matemática básica hoy se enseña como matebásica mática, y los sistemas formales de la ciencia, conviene decirlos de manera informal, como Pedro y Cristina Gómez».










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