
Por: José Vicente Arizmendi.
Columna de opinión “Catalejo”, El País, Cali.
Si uno se deja llevar por lo que dicen la publicidad y algunos artículos periodísticos que posan de ser de divulgación científica, la sociedad humana va hacia un futuro completamente dominado por la tecnología electrónica y la vida artificial. Pero hay razones para dudar que sea cierto.
Bastaría con leer las predicciones de hace 50 ó 60 años sobre cómo sería la vida en el 2000, para darnos cuenta de lo que podría pasar con las actuales profecías para el 2050.
Los autores de hace dos generaciones juraban que los automóviles del Siglo XXI iban volar, los robots inteligentes se encargarían de todos los oficios y los seres humanos seríamos, por fin, muy felices.
La idea de progreso que trajo el modernismo occidental hizo vibrar algunas fibras internas del ser humano y la publicidad se ha encargado de explotarlas hasta límites altamente rentables. Por eso hay gente llena de aparatos y artículos ‘último modelo’ completamente inútiles.
El hecho no pasaría de ser anecdótico, si no fuera porque forma parte de una lógica que se aplica a zonas de la vida mucho más delicadas: los fabricantes de medicinas, por ejemplo, viven empeñados en crear una droga para cada enfermedad y en algunos casos se inventan algunas contra dolencias que en realidad no lo son: la caída del cabello, el insomnio o la menopausia, por ejemplo.
En lugar de promover hábitos de vida saludables, hoy en día el 80% de las medicinas que se lanzan al mercado no contienen en realidad ningún avance significativo para la salud.
Cuando se les va a vencer la patente, los laboratorios modifican levemente la fórmula original, para seguir explotándola comercialmente.
Por increíble que parezca, el ritmo de innovación tecnológica y científica viene decayendo desde hace 135 años. Así lo planteó el físico Jonathan Huebner, después de estudiar la frecuencia de aparición de los 7.200 inventos y descubrimientos de la humanidad, desde la Edad Media hasta hoy.
Huebner calculó la cantidad de inventos respecto a la población mundial y descubrió que el punto más alto de la invención se alcanzó en 1873 y desde entonces venimos en bajada.
Cuando aplicó la misma fórmula al número de registros de la oficina de patentes de Estados Unidos, desde su creación hasta el 2004, en proporción a la población del país, llegó a la misma conclusión: el pico más alto pasó hace como cien años.
Hoy vivimos rodeados de adminículos que parecen avanzados, pero no lo son: teléfonos celulares con cámaras de fotografía y video, computadores con capacidades de almacenamiento muchísimo más grandes de las que necesitamos y aparaticos para escuchar música en todas partes.
El propio Akio Morita, uno de los fundadores de Sony, explicó una vez que el exitosísimo walkman no fue un invento en sí mismo, sino un ensamble pequeño de aparatos que ya existían.
En cuanto a los computadores, la investigadora Carolyn Marvin propone una descripción brutal: “En sentido histórico, el computador no es más que un telégrafo instantáneo con una memoria prodigiosa y todos los sistemas comunicacionales desde entonces han sido unos simples perfeccionamientos de este invento original”.
FUENTE:
José Vicente Arizmendi. Columna de opinión “Catalejo”, El País, Cali. Julio 09 de 2008.









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