Este texto escrito por Bertrand Russell en 1931 argumenta claramente la diferencia entre las técnicas tradicional, precientífica y científica. Además, plantea la forma en la que evoluciona la ciencia y como lo que para una generación es científico, para la siguiente se convierte en tradición.
Comienzos de la técnica científica
Por Bertrand Russell (1931)
«La novedad esencial de la técnica científica es la utilización de las fuerzas naturales por caminos que no son evidentes para la observación no educada y que han sido, por el contrario, descubiertos por una investigación deliberada. El empleo del vapor, que fue uno de los primeros pasos en la técnica moderna, está en la línea límite, ya que todo el mundo puede observar la fuerza del vapor en una cacerola, como la tradición supone que la observó James Watt. El uso de la electricidad es mucho más científico. El empleo de la potencia del agua en un molino de modelo antiguo es precientífico, porque todo el mecanismo entra por los ojos para un observador no entrenado. Pero el empleo moderno de la energía del agua por medio de turbina es científico, ya que el proceso correspondiente constituye una sorpresa para la persona sin conocimiento científico. Desde luego, la línea de separación entre la técnica científica y la tradicional no es muy definida, y nadie puede decir exactamente en dónde concluye la una y comienza la otra. Los agricultores primitivos utilizaban los cuerpos humanos como abono y conceptuaban como mágico su beneficioso efecto. Este período era determinadamente precientífico. El empleo de abonos naturales, que le sucedió y ha permanecido en uso hasta nuestros días, es científico si está regulado por un cuidadoso estudio de la química orgánica, y no es científico si procede al capricho. La utilización de los nitratos artificiales, que ha necesitado un proceso químico, que solo se encontró después de largas pesquisas por hábiles químicos, es, sin vacilación y muy definidamente, científica.
La característica esencial de la técnica científica es que procede del experimento y no de la tradición. El hábito experimental de la inteligencia es difícil de conservar para la mayoría de la gente; en realidad, la ciencia de una generación se transforma en tradicional para la siguiente; y existen aún extensos campos, especialmente el de la religión, en los que apenas ha penetrado el espíritu experimental. Esto no obstante, es éste el espíritu característico de los tiempos modernos, como contraste con todas las edades primitivas; y es por causa de este espíritu por lo que el poder del hombre, en relación con su medio ambiente, se ha hecho, durante los últimos ciento cincuenta años, inconmensurablemente mayor de lo que fue en la civilización del pasado».
Parte II: La técnica en la naturaleza inanimada
CRÉDITOS:
Russell, Bertrand (1983): La perspectiva científica. Editorial Sarpe, Madrid. Este fragmento está compuesto por apartes de la página 122 del mencionado libro y se reproduce aquí únicamente con fines exclusivos de ilustración de la enseñanza, de acuerdo con: Artículo 10 del Convenio de Berna (OMPI); Artículo 22 del Acuerdo de Cartagena, Decisión 351 de la CAN; Artículo 32 de la Ley 23 de 1982 de Colombia. Ver el artículo Limitaciones a los Derechos de Autor.










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